Miguel Bertolino

 

Miguel Bertolino es el poeta más representativo del rock en Santa Fe.

Su vida fue atrapante y corta.

Pura historia. Alma pura.

 

Nació en 1951, proveniente de una familia históricamente relacionada al Mercado de Abasto. Junto a su hermano Juan Carlos aprendió el oficio desde sus bases, a la par de los laburantes. Después de descargar cajones de verdura, y para el deleite de sus compañeros, Miguel cantaba acompañado de su guitarra acústica. En su adolescencia se alimentó del beat y la bohemia. 
 
Colaboró con el Padre Catena y el movimiento Cristo Obrero en el trabajo de acción social que realizaba en los barrios más castigados por la exclusión económica de fines de los sesenta. Comprendió tempranamente que la vida es injusta y hermosa. 
 
Le gustaba tocar en los órganos que encontraba en las iglesias, conmovido por el sonido que se lograba en esos ambientes gigantes. Compuso algunas canciones religiosas que fueron premiadas en Capital Federal y todavía hoy se cantan en las parroquias de nuestra ciudad.
 
Miguel era un lector empedernido, escribía prosa y verso, iba mucho al cine y dibujaba con gran destreza técnica. Hizo la secundaria en la Escuela Industrial Superior. Nada de lo relativo a la expresión humana le era indiferente y el arte era parte de su mundo cotidiano.

 

En el brillo del día

En la tempestad de las sombras

Allí estoy

Escapando de la ley.

En el estiércol de la calle y de su noche

En el alma amplia del vino,

En la estación de octubre.

Soy hierba.

 

(De “Poema de dos”, Miguel Bertolino)

 

El efecto Beatles en la juventud occidental era inevitable y las bandas que imitaban su estilo empezaban a aparecer. El baterista Mario Mercado presentó a Miguel en un ensayo de Slender Grass Group. Enseguida se puso frente al micrófono y demostró su capacidad histriónica: el cantante enfrentando el desafío de serlo. Tenía 17 años. Con él ingresó Horacio Bidarra, el tecladista y compositor que se convertiría en amigo y socio creativo de Miguel en los años que siguieron.

 
Se consolidaron como grupo soporte de los Bichos de Candy. Durante la presentación del disco “Basura” (1970), que los Bichos grabaron para el sello Odeon Pops, los productores porteños quedaron deslumbrados con el grupo y les ofrecieron grabar en Buenos Aires con la condición de que el nombre sea en castellano. Así nació  Alma Pura.
 
El sonido de la banda se diferenciaba claramente del resto, con influencias de grupos como Spencer Davis, Steppenwolf y Traffic, incluyendo en su repertorio covers e incorporando canciones propias. Entre ellas aparecen “Melania” y “Rock del ferroviario”, con letras de Miguel y música de Horacio Bidarra. 
 
Por entonces, el cantante de Alma Pura mostraba un profundo interés hacia la causa indígena y el atropello del progreso sobre la naturaleza. Su capacidad para escribir se expandía en textos que compartía con sus amigos para expresar su mirada sobre el mundo y algunas veces los convertía en canción. Así nació la idea de hacer una obra conceptual bajo la temática de la situación de los aborígenes: “Indio”
 
Alma Pura participó del primer BaRock en 1971 y en el Festival Isla Berduc. El servicio militar obligatorio encontró a Miguel con la idea de armar un grupo que toque sólo canciones propias, unidas por el concepto de ópera rock. El nombre elegido para la banda fue Virgem
 
A la par, Miguel Bertolino formó un grupo acústico al mejor estilo Crosby Still Nash and Young, junto a Rubén Tucci, Julio “Dippy” Segovia y Mónica Bono, al que denominaron Wakantanka. El curioso nombre, en la cosmovisión de los indios Sioux, refiere a lo sagrado y a lo divino; es traducido como “el gran misterio” o “el espíritu sagrado que se encuentra en todo”. Esta formación participó con mucho éxito del Setúbal Rock realizado en enero de 1972.
 
Virgem seguía en marcha y mientras Miguel iba y venía de la colimba en Entre Ríos, mandaba los textos de la obra conceptual a Horacio Bidarra, quien se encargaba de ordenarlos y ponerles música. La temática de la obra “Indio”, que incluye la participación de varios personajes, habla de cómo el blanco y su civilización asesinaron al aborigen y cómo el progreso ahogó la naturaleza, sucumbiendo en un desierto de cemento.
 

 

La primera versión de la obra se estrenó el 21 de septiembre de 1973 en el Teatro Municipal 1º de Mayo de Santa Fe. Una semana antes, Virgem hizo una actuación de preestreno en la Sociedad de Canto de la ciudad de Esperanza. 
 
El éxito de público y las repercusiones hicieron que ese mismo año grabaran un demo en los estudios de LT10, con tomas en directo en dos canales. 
 
Miguel se había convertido en un personaje, mostrando mucha soltura y carisma al interpretar la obra. No sólo cantando sino también tocando el piano y recitando sus textos con gran entrega y sentimiento.

 

"estas perdido en tus laberintos y enredado en tus espectros. Y tan mutilado estás que ni siquiera te das cuenta de que te queda todavía una alternativa: la única…algo así como una tregua en medio de tanta civilización. Una tregua que hemos estado preparando durante noches y noches de vigília entre cuatro paredes, un techo aplastante y un piso incapaz de levantarte. ¡Dame la mano!...vamos a inventar la música…Salgamos a sorprender la noche en cada campanario…Juguemos a las escondidas entre la niebla del humo hasta que nuestro tren se detenga justamente en la estación de nuestra locura…"

 

La última presentación de “Indio” se realizó el 20 de diciembre de 1974 en el Teatro Municipal. Por la emotiva performance de los músicos, la original puesta en escena y el encanto de Miguel, que brillaba en su función de frontman, esta actuación de Virgem quedó marcada en el recuerdo de todos los que asistieron.
 
La noche del 24 de marzo de 1975, Miguel viajaba desde Concordia hacia Paraná en tren. Un choque de la formación ferroviaria a 15 kilómetros de la capital entrerriana se llevó su vida y la de diez personas más, sumado a 40 heridos. 
 
Miguel tenía entonces 24 años. Quienes lo conocieron no tienen más que palabras de admiración por su calidez humana, el buen humor, la amabilidad, solidaridad y la creatividad constante que profesó en su corta e intensa vida. Su legado continúa vivo con el paso de los años, convirtiéndose en un referente fundamental de la música y la poesía del rock santafesino.

 

“Cuando me muera cuatro alas de gorrión me volarán hasta la rama de un alto pino y desde allí me dejarán caer rodando hasta las últimas hojas sobre el pasto. Iré a parar sobre los tallos y mi cabeza entre los pétalos parecerá emigrar de las eternas sombras. ¿Y quién tendrá algo que decir de mi si no estuvo conmigo para el tiempo de las lluvias? ¿Qué quedará de mi por estos lados? Cuando me muera subiré a la cima del tiempo con todos los relojes, los del alma y los del cuerpo. Y te llamaré para bailar un minuto de cada melodía. Te perteneceré hasta el último trago de vida sobre el pasto. ¿Y quién tendrá algo que decir de mi si no estuvo en mi casa cuando en mi chimenea no habitaba el fuego? ¿Qué quedará de mi por estos lados? Quizás me descubra un caminante entre dos flores rotas sobre el pasto. Cuando me muera sólo habrá de darse cuenta un cuarto con piso de madera, dos perras, una guitarra y un piano. Moriré como todos: contemplando mi naufrágio.

 


 

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